viernes, 9 de mayo de 2008

Alma no llores



Y no basta decir: "alma, no llores",
si ves a un corazón que va dejando
la vida entre furiosos desgarrones.

Hay lágrimas que tienen estatura
de estrellas indomables
y es de acero o de roble su ternura.

jueves, 8 de mayo de 2008

Yo denuncio



Yo no pido clemencia. Yo no pido
con un hilo de voz descolorida
perdón para la vida que me deben.
Odio la voz delgada que se postra
y el corazón que llora de rodillas
y esas frentes vertidas en el polvo,
hecha añicos la luz del pensamiento.

Yo no pido clemencia. Yo no junto
las manos temblorosas en un ruego.
Arden voces de orgullo en mi palabra
cuando exigen -sin llanto- que las puertas
de la venganza oscura se derriben
y a los hombres descueguen de sus cruces.

Yo no pido clemencia. Yo denuncio
al dictador cádaver que gobierna
la vida de los hombres con un hacha
y ahora quiere dejar para escarmiento
mi cabeza cortada en una pica.

Yo no pido clemencia.
Doy banderas.
Paso de mano el golpeado
corazón de mi pueblo prisionero.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Canto absoluto a la libertad



A JLG.

Su herida golpead de vez en cuando;
no dejadla jamás que cicatrice.
Que arroje sangre fresca su dolor
y eterno viva en su raíz el llanto.
Si se arranca a volar, gritadle a voces
su culpa: ¡ que recuerde!
Arrojadle pellas de barro oscuro al rostro.
Si en su palabra crecen las flores nuevamente,
pisad su savia roja
hasta que nazcan lívidas, como manos de muerto.
Talad: que no descuelle
su corazón de música oprimida.
Porque esa es vuestra ley, tan extraña a la mía:
si un río se alza para hablar con la luna,
ponedle un dique oscuro.
Si una estrella olvidando su distancia se mece
en los agraces labios de un muchacho,
denunciadla a los astros.
Cuando un corzo se beba la libertad y el bosque,
atadlo como a un perro.
Si hay algún pez que aprende a vivir sin el agua,
negadle orilla y tierra.
Si el alba se deslumbra con claridad ajada,
poned las hojas verdes de la noche en sus ojos.
Si hay un hombre que tiene
el corazón de viento,
llenádselo de piedras
y hundidle la rodilla sobre el pecho.

Ocaso grana



Quisiera conservar todas mis hojas,
sin esa desnudez fría en las ramas
del hielo y del invierno.
Ser viejo, un árbol viejo. Está Bien.
Pero ver todas mis hojas canas,
como el árbol que queda por la escarcha
y la luna cubierta de plata.
O cubierto en los oros
que el sol retiene con espaciosa calma
en las cimas azules de esas tardes de otoño,
un rescoldo de sueños, que en dormidos espejos
se mueren reclinadas.
Así mi atardecer quisiera…

No importa que la trama de mis huesos
transluzca sus pálidos encajes
si es mi corazón roja rama que canta
la alegría de todos.
Si en mi mano florece la cayada
que cortaron mis hijos,
de un fresno encendido por las luces del Alba.

Si curando al viento mis banderas heridas,
voy caminante, río abajo, hacia la mar ancha,
con mis deberes hechos y bajo lunas castas,
noble y tranquilo hasta la gran orilla
donde espera, entre hierbas, amarrada mi barca….

A los católicos




Sí, lo comprendo.
Tú llevas una cruz sobre tu pecho,
tú rezas con fervor todos los días,
no esperas tu cosecha en este mundo:
hay ángeles que siegan con sus alas
las azules espigas de tus sueños.
Esta bien.

Pero tu corazón ¿no está conmigo,
con su raíz en tierra inevitable?
Necesitas tu pan de cada día,
los pájaros, los árboles, el agua
y el aire que respiras.
Ven tus ojos paisajes
(cómo van a evitarlo si están vivos)
que dan pena o canción a tu mirada.

No lograrás cegarte,
ni huirte a una ladera solitaria,
ni enmudecer el grito de los hombres.
El amor sabe a incienso y es humano.

Mi madre era "Ana Santa",
un puñado de carne consumida,
arrebujada y sola en el silencio,
que murió de rodillas -me contaron-
crucificada sobre un leño de llanto,
con mi nombre de hijo entre sus labios
pidiendo a Dios el fin de mis cadenas.

Hoy hay madres que rezan todavía
-miles de corazones prosternados-
por sus hijos heridos en las sombras.
Y otras que lucha, golpean
las puertas de la tierra,
exigen a los hombres la muerte de los muros.

Escúchame, quienquiera que tú seas,
si es que el amor a Dios el alma te ilumina,
no puedes de este mundo así marcharte,
emprender la gran senda con las manos vacías,
llegar ante las puertas de Dios, que tu fe sueña
existen bajo el Arco del Eterno Cobijo
para decir: Señor, no traigo nada,
dame un puesto al amor de tu lumbre divina.

Porque el Señor, tu Dios, contestaría:
"vete, rompe tus pies por los bermejos hielos infinitos,
apóyate en la vara nudosa de tus odios,
serás un caminante para siempre, si no hallas
la palma del amor que no quisiste
tomar del árbol que plantó mi sangre".

martes, 6 de mayo de 2008

A España




Como un mar imponente, en oleadas,
suben hasta mi herida fosa oscura
el clamor de tu gente, esa hermosura
de luminosas lenguas desatadas.

Mi voz quiere ir contigo, España. Es dura
esta mudez impuesta por espadas.
Duras son las palabras sepultadas
bajo el silencio alzado en dictadura.

Mira mis manos: crujen contra el muro,
en busca de una luz, de una ventana,
llagas de sombra y de dolor oscuro.

Y oye mi corazón -roja campana-
sonar contra las piedras, ya maduro
de esperar en mi pena tu mañana.

sábado, 3 de mayo de 2008

Siempre



Ayer,
mi corazón
era el Patio cuadrado y gris de una prisión.
Hoy,
mi corazón
es una Plaza Roja donde cantan
el Martillo y la Hoz.

Pero ayer,
y hoy,
mi corazón,
en Burgos o en Moscú,
mantiene el mismo son.

Desde su celda oscura,
o junto al mar y al sol.
Una sola bandera,
y la misma canción.
La tortura y la cárcel
no rompieron mi voz.
No la cambiará el "aire",
la aventará mejor.

Carta urgente a la juventud del mundo



Si la juventud quisiera
mi pena se acabaría,
y mis cadenas.

(Decid ¡basta!
Haced la prueba.)

Vuestros brazos son un bosque
que llena toda la tierra;
si enarboláis vuestras manos
el cielo cubrís con ellas.
¿Qué tiranos, qué cerrojos,
qué murallones, qué puertas
no vencieran vuestras voces
en un alud de protesta?

(Todos los tiranos tienen
sus pedestales de arena,
de sangre rota, y de barro
babilónico sus piernas.)

Pronunciad una palabra,
decid una sola letra,
moved tan solo los labios
a la vez y la marea
juvenil atronaría
como un mar cuando se encrespa.

Pero, ¿quién soy yo, qué barco
de dolor, qué espuma vieja,
qué aire sin luz en el viento
acerco a vuestras riberas?

Como campanario de oro
vuestros corazones sueñan.
La juventud es la hora
del amor, su primavera.
¿Por qué mover vuestras ramas
alegres con mi tristeza?
¿No es mejor que yo me coma
mi pan solo en las tinieblas;
que mis pies cuenten las losas
veinte años más, mientras sueñan
mis alas entre las nubes
de un cielo roto en mis rejas?

Pero la vida -mi vida-
me está clamando en las venas;
abrasa loca las palmas
de mis manos; lanzaderas
clava y desclava en mi frente
y el pensamiento me quema.

Ved nuestros tonos. Ya somos
como terribles cortezas;
claustrales rostros, salobres
ojos que buscan a tientas
-sedientos de luz y sol-
una grieta entre las piedras.

No sabéis lo que es vivir
muriéndose a vida llena;
grises, sobre grises patios,
sin más luz que una bandera
de amor...

Ni lo sepáis nunca...
Más si queréis que esta lepra
jamás os alcance el pecho,
no dejéis "mi muerte" quieta.
No dejadme, no dejadnos
con nuestras sienes abiertas
y en un cerrojo sangrante
crucificada la lengua.

Levad vuestros pechos. ¡Pronto!
( Es bueno que esta gangrena
os revuelva las entrañas.)
¡Echad abajo mi celda!
Abrid mi ataúd; que el mundo
en pie de asombro nos vea
indomables, pero heridos,
sepultos bajo la tierra.
¡Que no queden en silencio
mis cadenas!